D. Adolfo Suárez

AdolfoSuarez

“Mi dolor es grande. Mi gratitud, permanente”
El Monarca alaba la “generosidad y patriotismo” del hombre que junto a él, impulsó “uno de los capítulos más brillantes de la historia de España: la Transición”

La última vez que se vieron, en julio de 2008, cuando don Juan Carlos, acompañado de la Reina, fue a entregarle personalmente el Toisón de Oro, la máxima condecoración de la Casa del Rey, Adolfo Suárez no reconoció al Monarca.”¿Tú también vienes a pedir dinero?” , le preguntó. Hoy, don Juan Carlos ha querido recordar con un mensaje, institucional y personal, a su “amigo leal” , “colaborador excepcional” en la instauración de la democracia en España. Se ha dirigido a los españoles con un vídeo grabado en su despacho de La Zarzuela, vestido de negro y con la foto de aquel último encuentro a su izquierda: ambos de espaldas, caminando por el jardín, mientras don Juan Carlos posa la mano en el hombro del expresidente que ya no recordaba que lo fue.

Este es el texto íntegro del Rey:

“El fallecimiento de Adolfo Suárez me llena de consternación y de pena. Tuve en él a un amigo leal y, como Rey, a un colaborador excepcional que, en todo momento, tuvo como guía y pauta de comportamiento su lealtad a la Corona y a todo lo que ella representa: la defensa de la democracia, del Estado de Derecho, de la unidad y la diversidad de España. Mi gratitud hacia el Duque de Suárez es, por todo ello, honda y permanente, y mi dolor hoy, es grande.

Pero el dolor no es obstáculo para recordar y valorar uno de los capítulos más brillantes de la Historia de España: la Transición que, protagonizada por el pueblo español, impulsamos Adolfo y yo junto con un excepcional grupo de personas de diferentes ideologías, unidos por una gran generosidad y un alto sentido del patriotismo.Un capítulo que dio paso al periodo de mayor progreso económico, social y político de nuestro país. Adolfo Suárez fue un hombre de Estado, un hombre que puso por delante de los intereses personales y de partido, el interés conjunto de la Nación española.

Vio, con clarividencia y gran generosidad, que el bienestar y el mejor porvenir de todos pasaba por el consenso, sabiendo ceder en lo accesorio, si ello era necesario, para poder lograr los grandes acuerdos en lo fundamental.

La superación de la fractura política y social que vivió la sociedad española en el siglo XX fue su objetivo prioritario, como lo fue también el mío.

En ese empeño, Adolfo Suárez dio lo mejor de sí mismo. También trabajó sin descanso para lograr la mejor articulación de la diversidad de España, y la recuperación de la legítima posición de nuestro país en el escenario internacional.

El ejemplo que nos deja es muestra de que juntos, los españoles, somos capaces de superar las mayores dificultades y de alcanzar, con unidad y solidaridad, el mejor futuro colectivo para todos.

Termino este emocionado recuerdo a Adolfo Suárez enviando, en estos tristes momentos, todo mi cariño a sus hijos y a toda su familia”.

El Monarca intentó bromear con Suárez aquella tarde en su casa, cuando fue a llevarle el Toisón de oro: “Naturalmente, yo vengo a pedir dinero donde sé que hay”, le respondió, tal como relata Fernando Ónega, autor de los discursos más célebres del primer presidente de la democracia, en su libro Puedo prometeter y prometo. Don Juan Carlos ya no volvió a ver a Suárez porque le resultaba muy doloroso estar delante de su confidente, su “amigo leal” y no poder tener una conversación con él a causa del alzéimer. El Rey sí mantuvo una relación permanente con su hijo mayor, Adolfo Suárez Illana, quien le iba informando del progresivo deterioro de su padre hasta su muerte, a las 15.03 de esta tarde.

“Te tengo que pedir un favor”. Con esta frase comunicó el Rey a Suárez su elección como presidente del Gobierno en 1976. A partir de ese momento, junto a Torcuato Fernández Miranda, fueron los brazos ejecutores de la Transición española. Hijo y nieto de republicanos, Suárez se convirtió, como hoy ha recordado el Rey, en un leal defensor de la Corona, que había arriesgado mucho eligiéndole a él como piloto del cambio. Un fracaso de Suárez habría perjudicado seriamente a la Corona, a quien había apostado tan fuerte por él.

La relación se fue enfriando y cuando, el 27 de enero de 1981, Suárez acudió a La Zarzuela para comunicar al Rey su dimisión, este no le pidió que no lo hiciera, y se limitó a decirle que le diera una vuelta. Probablemente por lealtad al Monarca, explica Ónega, el expresidente del Gobierno nunca publicó sus memorias.

Don Juan Carlos le concedió un mes después de la dimisión el título de duque de Suárez “para premiar su lealtad, espíritu de servicio, patriotismo y muestra de sacrificio” durante la Transición, “que dirigió con abnegación, tacto y prudencia, al servicio de la reconciliación de todos los españoles”.

El Monarca también transmitió a su hijo la alta estima que sentía por el expresidente del Gobierno y en 1996, al entregarle el premio Príncipe de Asturias de la Concordia, don Felipe le dedicó estas palabras: “Encauzando los anhelos de libertad del pueblo español, con la generosa y entusiasta colaboración de otras personas y grupos políticos y con el decidido aliento de la Corona, Adolfo Suárez hizo posible lo que muchos tratadistas políticos, basándose en su conocimiento de España y en la experiencia de otros pueblos, habían considerado imposible. Logró aunar voluntades que parecían contrapuestas, dirigió sin violencia las energías latentes de una sociedad hacia la tolerancia y el diálogo, cerró distancias y cicatrices y en fin, realizó desde su Gobierno la gran misión de devolver España a los españoles mediante el establecimiento de la democracia”.

También la Reina tenía especial cariño por Suárez y su familia. “Es horrible. Lo siento mucho. Es muy triste todo”, declaró el viernes desde Guatemala, donde estaba visitando proyectos de cooperación española.

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