¿Y si en vez de hablar de los defectos de nuestra Justicia habláramos de sus bondades?

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¿Y si en vez de hablar de los defectos de nuestra Justicia habláramos de sus bondades?
 
Las críticas a nuestro sistema judicial casi nunca favorecen a la imagen que la justicia proyecta al exterior. Sus consecuencias no se limitan a cercenar la ya dañada confianza de los ciudadanos en las instituciones, sino que transcienden este ámbito y afectan a aspectos tan relevantes como la capacidad de atraer o retener la inversión extranjera.
 
Maria Jesús González-Espejo – Diario Jurídico
 
No hay día que no nos levantemos con una noticia que afecta de una u otra forma a nuestro sistema de justicia. En unos casos, porque un juez se ha convertido en “estrella” y los medios, deseosos de hacer bien su trabajo, le dan la visibilidad que demanda. En otros, porque el asunto que dirime la justicia es de interés público y el periodista de tribunales desarrolla su trabajo informándonos puntualmente de todas las novedades. Y en otros, porque la justicia sigue sin funcionar tan bien como debiera y surgen situaciones como retrasos, decisiones sorprendentes o conflictos dentro de la institución o de ésta con otras instituciones. A veces, incluso porque los propios máximos responsables del sistema lo critican de forma abierta (como por ejemplo hizo recientemente el Fiscal General del Estado Torres Dulce en esta entrevista o el ahora ex Decano del Colegio de Abogados de Vizcaya, cuando aún ostentaba el cargo, en esta otra).
 
Todo este “ruido” casi nunca favorece a la imagen que la justicia proyecta al exterior y el problema es que, como explico en este artículo, la cuestión de la imagen que de ésta se proyecta hacia fuera no es baladí. Por el contrario, sus consecuencias no se limitan a cercenar la ya dañada confianza de los ciudadanos en las instituciones, sino que transcienden este ámbito y afectan a aspectos tan relevantes, a la vista de la coyuntura económica actual de nuestro país, como la capacidad de atraer o retener la inversión extranjera.
 
Percepción de los ciudadanos e imagen exterior
 
La imagen de nuestro sistema de justicia se construye con las opiniones y percepciones que sobre ésta tienen ciudadanos, periodistas nacionales y corresponsales y los propios profesionales del sector. En lo que se refiere a opiniones, la relativa a la institución de la justicia no parece inspirar excesivas buenas palabras, sino que por el contrario, es una de las más denostadas y normalmente calificada en todo tipo de foros por tan tristes adjetivos como “lenta”, “falta de independencia”, “ineficaz” y “poco equitativa”.
 
Algunos índices comparan el sistema judicial de nuestro país con el de terceros y el resultado no es ni mucho menos tan negativo
 
Me entristece enormemente esta situación, sobre todo a la vista de hay algunos índices que comparan el funcionamiento de los sistemas judiciales o la seguridad jurídica de nuestro país con los de terceros, y el resultado no es ni mucho menos tan negativo. No discuto que tengamos que adoptar medidas y promover cambios importantes, y que quien ostenta un cargo público, en su deseo de lograr lo mejor para su institución aproveche su mandato para reivindicar, incluso con vehemencia si es necesario, los apoyos necesarios para hacer realidad sus proyectos. Dentro de esa lógica, es permisible que se estas personas utilicen argumentos que resalten lo malo. Sin embargo, quienes así actúan deben tener en cuenta que sus mensajes contribuyen a construir una imagen y que esa imagen cala en el imaginario colectivo y marcan el presente y el futuro de las instituciones que dirigen.
 
Ahondando en el concepto de percepción y en la que sobre el sistema de justicia patrio tienen los ciudadanos, la realidad muestra, que desgraciadamente ésta es más bien negativa. Sirva como ejemplo de esta afirmación, el barómetro del CIS del pasado febrero en el que la corrupción y el fraude y la administración de justicia han ocupado respectivamente las posiciones 10 y 14 en la lista de los 39 problemas que preocupan al ciudadano. Los datos demuestran que los españoles creemos que vivimos en un país poco desarrollado y altamente corrupto. El riesgo de que la percepción de los ciudadanos sobre nuestro sistema de justicia estriba en que está demostrado que la propia percepción influye en nuestro comportamiento.
 
La propia percepción influye en nuestro comportamiento
 
Justicia común y competitividad

 
¿Pero por qué es peligrosa la situación actual de la imagen que nuestra justicia tiene entre la ciudadanía?
En primer lugar porque necesitamos tener una imagen sólida para generar confianza y que se haga efectiva la construcción de una política de justicia de la UE, es decir, de una justicia común a todos los estados miembros.
 
Hace algunas semanas se publicó la visión de la Comisión sobre el futuro de esta política de justicia de la UE, junto con su agenda futura en el ámbito de los asuntos de interior (véase IP/14/234). En el ámbito de la justicia, la Comisión señala tres retos principales: reforzar la confianza recíproca, facilitar la movilidad y contribuir al crecimiento económico. El primero de estos factores el de la confianza es necesario para que se hagan realidad instrumentos tan relevantes como la orden de detención europea o las normas sobre conflicto de leyes entre los Estados miembros. Todos ellos requieren que exista un alto grado de confianza recíproca entre las autoridades judiciales de los distintos Estados miembros. Aunque la UE ha sentado unas bases sólidas para fomentar la confianza recíproca, debe reforzarse aún más para garantizar que los ciudadanos, los profesionales del Derecho y los jueces confíen plenamente en las resoluciones judiciales con independencia de cuál sea el Estado miembro en el que hayan sido adoptadas. Pero a la vista de que ni nosotros mismos nos creemos las bondades de nuestro sistema, lo más probable es que los terceros tampoco crean en él.
 
“Uno de los retos que destaca la CE en el ámbito de la justicia es reforzar la confianza recíproca”
 
Además, esta percepción desfigurada de nuestra justicia es también peligrosa si nos referimos al ámbito de la competitividad de los países, ya que en los estudios que comparan y miden a escala mundial la competitividad de los países como el Informe de competitividad mundial (Foro Económico Mundial, WEF) y el Anuario de competitividad mundial, (Instituto Internacional para el Desarrollo de la Capacidad de Gestión, IMD), la confianza y estabilidad del sistema jurídico de cada país son criterios básicos de medición y parte de sus resultados se obtienen de las respuestas emitidas por los individuos que participan en las encuestas.
 
¿Cómo se puede mejorar?
 
Es evidente que nuestro sistema de justicia necesita mejoras, pero también lo es que es clave transmitir una imagen del mismo eficiente, moderna y cercana a la ciudadanía y ¿qué se puede hacer para lograrlo?
 
En mi opinión son encomiables iniciativas como la promovida recientemente por el CGPJ dirigida a renovar su imagen, para lo que se convocó un concurso aunque lamentablemente al final quedó desierto (pues al parecer según informaba este órgano ninguna de las 16 propuestas “reunía aptitud para transmitir el significado de la institución en el orden constitucional del Estado y la contribución al conocimiento, la promoción y la visualización del Consejo”). Esperemos que este proyecto se lleve próximamente a buen puerto.
 
También lo son otras como la implantación y desarrollo de políticas activas de relación con los medios de comunicación (campo en el que se han hecho grandes y fructuosos esfuerzos en los últimos años) o la de desarrollar todo tipo de procesos y herramientas para fomentar la transparencia y el derecho de acceso a la información del ciudadano. En esta línea aplaudimos la reciente firma de un acuerdo entre el Consejo General del Poder Judicial y la ONG Transparencia internacional. Es también importante la publicación de estadísticas e informes de sencilla comprensión, basados en éstas, pueden ayudar a que cambie nuestra percepción. Hay que dar a conocer a la ciudadanía los aspectos positivos y reales de nuestro sistema de justicia. Por ejemplo, recientemente, el CGPJ difundía un estudio sobre Indicadores de revocación de sentencias en el año 2013. Según este informe, la tasa de firmeza (porcentaje de sentencias que alcanzan la firmeza, bien por no ser recurridas, bien por ser confirmadas íntegramente en caso de recurso) está en torno al 90/100% (dependiendo del orden jurisdiccional). Estos datos tan positivos parecen mostrar que el sistema funciona y la sociedad debería conocerlos, pues con seguridad influirán en su percepción del sistema y la harán más positiva.
 
En suma, la percepción que tenemos de nuestra justicia influye en la imagen que proyectamos de ésta al exterior y sería conveniente hacer un ejercicio de reflexión orientado a identificar y comunicar los aspectos de ésta que son positivos. Esta labor nos atañe a todos los actores sociales (ciudadanía, medios de comunicación y profesionales). Hay que tomar consciencia de los peligros que entraña continuar “echando piedras sobre nuestro propio tejado” y de la necesidad de apalancarnos en lo positivo, para poco a poco lograr el ambicioso objetivo de que funcione lo que ahora “percibimos” que no lo hace.
 
Si nosotros no creemos en el sistema ¿cómo podemos pretender que un tercero crea en él?
Nuestro sistema tiene necesidad de generar confianza, pues ello revertirá en nuestra reputación. La confianza es fundamental para se hagan realidad los instrumentos necesarios para hacer efectiva y real el sistema europeo de justicia. La imagen que se proyecta al exterior sobre nuestra justicia debe preocuparnos. Si nosotros mismos no creemos en el sistema, ¿cómo podemos pretender que un tercero crea en él? Si, por el contrario, creemos en él y trasmitimos una imagen de país sólido, podremos atraer las inversiones y con ello, estaremos contribuyendo con toda seguridad al crecimiento y al desarrollo económico.

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